Que Se Vayan Todos: Contra el Congreso fujimorista y la reforma neoliberal de Vizcarra

Tras el polémico blindaje al ex fiscal de la Nación Pedro Chávarry por parte del Congreso peruano en la última semana de mayo, continúan las marchas de protesta y el descontento popular contra la mayoría fujimorista del Legislativo y su legado de corrupción, heredada de la dictadura de los noventa.

Sin embargo, la cuestión de confianza presentada por el Ejecutivo este martes, que acarrearía un posible cierre del Parlamento, junto con el proceso de la llamada reforma política que el gobierno también viene impulsando, ambas medidas muy aplaudidas por los sectores liberales del anti fujimorismo, le darían al presidente Martín Vizcarra el espaldarazo que busca para la profundización del modelo económico neoliberal. Un modelo en el que ambos sectores políticos de la derecha peruana, tanto el oficialismo como la oposición fujimorista, prácticamente coinciden.

Mientras la Policía les impide avanzar su protesta hasta la plaza Bolívar y al Congreso, con empujones y arremetidas de escudos, los activistas de diversos movimientos sociales arengan no solamente contra los legisladores sino también contra los planes del Ejecutivo de proseguir precarizando los derechos de los trabajadores con la actual reforma laboral y concesionando los recursos naturales a la minería transnacional.  

Luis Esparza, joven abogado, estudiante de maestría en Derecho constitucional en la Pontificia Universidad Católica y activista de la asociación de Constitucionalismo Democrático y de la Red de Luchas Sociales y Políticas, discrepa mucho de quienes confían en el mandatario Vizcarra como un aliado contra la corrupción fujimorista. Entre los ejes de protesta que maneja el colectivo, define derechos humanos, ambiente, género y pone énfasis en la lucha anti corrupción “Estamos tratando de incorporar una dinámica un poquito más disrupcional frente a lo que está sucediendo”.

Entre los planteamientos de su colectivo, considera que hoy por hoy conviven dos élites de la derecha peruana que sostienen el régimen de la Constitución de 1993: “La élite caviar, que es una élite de anti fujimorismo político que finalmente no renuncia al fujimorismo económico, a su piloto automático, con su plan de gobierno. Liberales que quieren cambios con anestesia y piensan que la democracia se ha conquistado con pañuelazo blanco, cuando nunca ha sido así”. “Por otro lado, está la élite fujiaprista, que es el magma más autoritario de las organizaciones políticas y empresariales dedicadas al saqueo estructurado del Estado peruano, de la riqueza pública”.

Al oponerse a ambas élites, refiere que sus esfuerzos de protesta se encaminan a generar una dinámica de radicalización de la democracia y a recuperar el sentido republicano. Recordando luchas sociales como la Repartija del 2013, el Aumentazo del 2014 y la Ley Pulpín del 2015, buscaría crear en una nueva dinámica de auto convocatoria entre los activistas. Critica a la izquierda institucional de los partidos políticos por encontrarse arrinconada y como furgón de cola de Vizcarra; así como a las organizaciones de derechos humanos por carecer de autonomía y fungir de altavoz del gobierno ante la sociedad civil.

Sobre el proceso de la reforma política, Esparza asevera: “Si no está enlazada a una reforma económica, va a volver a pudrirse, no va a funcionar, vamos a volver en un momento a estar exactamente por lo mismo”. Desestima que la reforma conlleve a una renovación en la política peruana: “El sistema electoral y el sistema de partidos, son las mismas personas que van a volver a utilizar el sistema después de la reforma política. Entonces ¿cuál es la garantía hacia delante de que los males que ahora nos aquejan en temas de mala representación, de prácticamente deficiencia legislativa por parte de los partidos políticos, o que los partidos políticos se conviertan en vientres de alquiler, no vuelvan a aparecer más adelante? Van a volver a pasar exactamente lo mismo. Es más, me atrevería a decir que no hay capacidad administrativa en el Estado peruano para que se pueda poner al nivel de lo que la propia reforma política está exigiendo. Como fiscalización de toma de decisiones dentro de los partidos políticos para las elecciones internas, para la democracia interna, como para fiscalizar el tema del financiamiento público, privado en este caso, de las organizaciones partidarias, y un sinfín de otras cosas. Entonces por ahí no veo que haya mucha salida”.

Fotos de Alan B.

El abogado califica el proceso planteado por el Ejecutivo como “una reforma a las alturas”. “Te pregunto: ¿se ha debatido esta reforma en la sociedad civil? ¿Se han hecho asambleas, convocatorias? ¿Se ha hecho un debate nacional sobre el tema? No. Esta reforma está planteada básicamente por una comisión de alto nivel nombrada por el Ejecutivo, donde hay cinco personas iluminadas de siempre, sin ningún tipo de asidero ni contacto en la práctica política. Han tomado una decisión sobre qué es lo que creen ellos que debería ser cambiado, con más de cuatrocientas páginas su informe final”.

Producto de dicho informe, en abril último el gobierno presentó los doce proyectos de reforma política, de los cuales ocho son de reforma de leyes y otros cuatro son ya de reforma constitucional. “Pero al final, nadie ha debatido esto. Y ése es el tema de fondo: ¿Cuándo debate la gente? Por eso que a la gente le da igual en este momento. Claro, la gente está harta del fujimorismo. Y ahora mismo Vizcarra tampoco pasa piola; desde enero hasta mayo va en caída libre. No es casual que haya cogido otra vez la bandera anti fujimorista para que trate de aplicar el mismo modus operandi que le funcionó en el tema del referéndum. Pero una vez que se acaba el circo ¿volvemos a lo mismo?”.

Precisa que los congresistas del fujimorismo, pese a la impopularidad que despiertan, aún siguen teniendo una parte muy importante de la sartén por el mango de todo el sistema político, dado que están muy lejos de dejar de existir a nivel electoral. “Van a seguir funcionando como son, como lo han venido haciendo. Y ahora aunque están de capa caída por los escándalos de corrupción, su nivel de aparateo a nivel nacional, control del Vaso de Leche, control de organizaciones barriales a costa de clientelismo, de lavado de activos, se mantiene”.

Precisamente, Esparza hace hincapié en que las mismas debilidades de la reforma serían aprovechadas por el fujimorismo para sobrevivir en el espectro político. “¿Tiene el Jurado Nacional de Elecciones la capacidad de incorporar una dimensión de administración de cambios que exige esta reforma para que se le aplique a estos partidos políticos? ¿De veras lo tiene? Yo creo, como mucha gente que no. Hay reformas que van a caer otra vez en el papel, pero sin una practicidad”.

La Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), el gremio empresarial más poderoso del país y símbolo del neoliberalismo político, es uno de los primeros organismos que se ha pronunciado a favor de la reforma política.  “La Confiep es el órgano político empresarial del fujimorismo. Así de claro te lo pongo. El cambio que han tenido ahora con la nueva presidenta, la primera mujer en la historia de la Confiep, es un cambio simplemente de rostro, pero en el fondo siguen sosteniendo lo mismo. A ellos todo lo que les suene a bulla, a deliberación democrática de la gente, a debate público de problemas nacionales, todo eso les parece mal. Si por ellos fuera, la gente muda, como la gente en los cementerios, sería la mejor forma para animar la economía que crezca. Ellos quieren una sociedad prácticamente sin derecho a voz, sin derecho a expresarse, que simplemente obedezca los designios que ellos imponen sobre su concepción a ultranza del mercado. Pero eso no es así pues. Por eso que ha salido a declarar la presidenta, que claro ella apoya la reforma política. Pero no quieren la cuestión de confianza, porque eso va a generar inestabilidad política y fuga de capitales. Digno de ellos, digno del capitalismo. Yo no espero absolutamente nada de la Confiep. Esto que vivimos ahorita, la crisis que vivimos ahorita, es precisamente por haberle hecho demasiado caso a la Confiep”.

Posts relacionados

Alan Benavides

Terminé Periodismo, fotografío protestas y escribo sobre conflictos sociales. No me gusta ningún gobierno, ni autoritarios ni represores, ni ningún poder económico.