Paro Nacional de 1977: “No nos regaló nada nadie. Todo lo hicimos luchando”

Tres veteranos sindicalistas relatan lo que fue la más grande huelga de trabajadores de las últimas décadas en el Perú. Un diecinueve de julio de 1977, los limeños de todos los barrios periféricos de la ciudad salieron a paralizar la capital en respuesta a la política antilaboral de la dictadura militar.

ACENTUANDO LA DICTADURA

“Para entender la historia, habría que hablar lo que pasaba en el país desde el año 1950 con la crisis de la agricultura. Antes ésa era la principal actividad, así como hoy es la minería. Al caer los precios de la papa y el algodón, entró en crisis todo el mundo. La oligarquía era la que tenía los negocios de la tierra. No se podían llevar a cabo los procesos de industrialización o de diversificación productiva, como le llaman ahora. Tuvo que haber un golpe militar que apretara a la oligarquía que se oponía a eso. Como resultado de eso tenemos que del año 1968 que estuvo Velasco al año 1975, se constituyeron más sindicatos que en toda la historia del Perú. A más industria, más obreros, más sindicatos, más luchas. Por ejemplo, logramos la estabilidad laboral, a ti no te podían despedir de la fábrica. Logramos que se nacionalice la pesca, los bancos, las minas, el comercio” comienza el relato Enrique Fernández Chacón, quien en ese entonces era ensamblador de las autopartes de los Volkswagen clásicos en la fábrica Motor Perú y sindicalista de la Federación Metalúrgica del Perú.

“Velasco no cayó, lo cayeron” continúa entre risas Enrique. “Morales no tenía todas las de ganar, fue a dar el golpe en Tacna para fugar a Chile, porque tenía buenas relaciones con Pinochet, si le salía mal. Se dio para desmontar una política que ya estaba haciendo crisis también, había surgido un movimiento obrero muy fuerte que pretendía ir más allá de lo que pretendía el propio gobierno. Vieron la ocasión de cortar el proceso mediante un golpe para volver atrás en todo lo que se había avanzado. Ahí comenzó la liquidación de las industrias en el Perú y la propiedad del Estado”.

“Nuestro país, toda la vida ha sido dependiente y lo sigue siendo. Cuando le dieron el golpe a Velasco, porque vino una orden de Estados Unidos, no querían que económicamente nos independicemos. Dentro de la línea política de Velasco, planteó cerrar el mercado. No había importación de automóviles, salvo excepciones. Él pensaba que la integración de la industria debía llegar al setenta por ciento. El ejemplo más claro es que de los ensambladores salieron cantidad de pequeñas fábricas de autopartes. La Federación Metalúrgica tenía quince mil trabajadores. Ésto por cerrar el mercado y fomentar el crecimiento del sector fabril. Morales Bermúdez cambia radicalmente, abre el mercado y la metalurgia acá comienza a quebrar. Y ahora no tenemos nada de sector fabril, no tenemos obreros ni organizaciones sindicales” afirma Hipólito Enrique Miñanos, en los setenta sindicalista de la mítica fábrica peruana de electrodomésticos Moraveco.

ORGANIZACIÓN POPULAR CONTRA LAS DIRIGENCIAS Y PARTIDOS

“Primero, quiero aclarar que a nosotros no nos regaló nada nadie. Todo lo hicimos luchando” prosigue Enrique. “Cuando empezamos a hacer sindicalismo, había una sola central sindical que era la controlada por el Apra, la CTP. La CGTP no existía. La nueva camada de dirigentes sindicales que surgieron no eran apristas. Éramos más de la izquierda. Reconstituimos la CGTP y ganamos muchas conquistas. Si ustedes van a los archivos de la CGTP, en las primeras directivas estábamos todas las corrientes, trotskistas, estalinistas, independientes. Después el aparato de la CGTP ligado a Moscú tomó el control y apoyaban abiertamente al gobierno de Velasco. Nosotros no. Y también apoyaron el golpe contra Velasco, para variar. Hay que ser muy ingenuo para creer que el golpe fue por deporte. Con Morales, que empezó a desmontar todo, tuvimos los mismos enfrentamientos a otro nivel, no había más remedio. Ése movimiento obrero y popular que era muy fuerte tenía un poder de convocatoria hacia nuestro pueblo. Por ejemplo, los paros obreros que tanto hablamos, no solamente los hicimos los obreros, se sumaban los estudiantes y también los pobladores. Aparecía la clase obrera como la vanguardia de un proceso que aglutinaba a los sectores populares. El hito más importante fue el paro del diecinueve de julio de 1977. Nosotros ya habíamos hecho coordinadoras zonales, habíamos establecido los cordones industriales, de la Panamericana Norte, Sur, de la Carretera Central. Nos vinculábamos todos los sindicatos de la zona y salíamos a pelear. Pusimos en efecto eso y fue una asonada con las masas populares para enfrentar al gobierno. Formamos el Comando Unitario de Lucha (CUL) porque no había ninguna confianza en la dirección de la CGTP. Más bien, estaban en contra del paro. También estaba en contra Patria Roja, que decía que al convocarlo la CGTP, era un paro revisionista. Había posiciones de lo más locas, de los que decían que Velasco era revolución y los que decía que era fascista. Como no teníamos ninguna confianza en que convocaran al paro, al contrario, querían levantarlo, nosotros tuvimos que firmar la convocatoria base por base, federación por federación”.

“Éste paro es exitoso porque confluyeron diferentes factores. En primer lugar, la clase obrera organizada. Los sectores populares, las barriadas, también estaban totalmente organizados por comités. Y existían varias organizaciones de izquierda que estaban integradas por militantes que trabajaban en la organización. Ya se veía venir el paro, cuando Fernández Maldonado [militar y  primer ministro de Morales Bermúdez] sale en televisión y anuncia el aumento de la gasolina y de los alimentos, porque se cortó el subsidio de la época de Velasco” opina Hipólito. “Había un movimiento que lo llamábamos movimiento clasista, que tenía diferencias con la dirigencia de la CGTP. No eran diferencias como para romper con la central, sino para que los dirigentes de la CGTP enrumbaran su línea que era muy conciliatoria con Velasco, en un momento llegaron a apoyarlo totalmente”.

Ambos recuerdan también, entre tantos grupos de izquierda de ese entonces, a un minúsculo círculo de supuestos intelectuales llamado Sendero Luminoso, que calificó el paro de 1977 como revisionista trotskista, dado que en su limitada visión, olvidándose de la reforma agraria de Velasco, el Perú aún era un país semifeudal y en cambio el paro fue principalmente urbano, barrial y obrero. “Para ellos, todo el que no los seguía era revisionista”. Pocos años después pondrían en práctica su punto de vista de una revolución del campo a la ciudad.

Fotos de Jai G. y Alan B.

EL DÍA DEL PARO Y LOS MÁRTIRES DE COMAS

“Se supone que todo estaba organizado de tal manera que nosotros, Vanguardia Revolucionaria, íbamos a salir por los conos, por Chosica. Pero cuando salgo de mi casa, en el Rímac, ya no había carros. No había nada. Yo había dejado a mi hijo de siete meses de nacido, recién había dado a luz. Me fui a la UNI, pensando que ahí tenía que haber algo, pero llegué y no había nada más que piedras en las calles. Recién más adelante vi un grupo de gente que subía hacia el cerro y me metí con ellos. Hemos ido subiendo y bajando los cerros, y cuando mirabas desde arriba no sólo éramos nosotros los que estábamos marchando, si no que se veía un montón de gente que marchaba por diferentes sitios” evoca Ángela Torres Flores, de la Federación Nacional de Trabajadores de las Universidades del Perú (FENTUP).

“Mi fábrica quedaba en Puente Piedra” dice Enrique. “Por donde iba, encontraba a miles de trabajadores. Fue un levantamiento popular. El gobierno sacó inmediatamente los tanques y soldados. La Policía nos la pasábamos por cualquier lado, tuvieron que sacar al Ejército. Tenía que enfrentar piedras contra tanques. Mataron a muchos compañeros. En Comas había una concentración de pobladores y pasó un ómnibus de la fuerza naval y ametralló a los que estaban ahí. Era para pararnos y no podían. Por mi zona, tuvimos la precaución de levantarnos a las cuatro o cinco de la mañana para tumbar árboles y cortar todo. Hubo enfrentamientos, pero eso era común, eso fue siempre, desde que empezamos la cosa fue así. Nosotros quisimos tumbarnos la dictadura siempre”.

“El paro se organizó por cada sector, como norte, cono sur. En cada cono, la organización era que cada comité de barrio, en conjunto con los sindicatos, temprano tenían que levantarse para poner barricadas para que ni un auto pudiese circular, nada podía moverse” refiere Hipólito. “Comenzaron a fluir desde los cuatro conos las marchas hacia el centro. En esta oportunidad tomamos desprevenidos a las fuerzas armadas, porque  si es verdad que hubo represión en Comas, no pudieron hacerlo en otros conos. Todas estas marchas confluyeron en el puente del Ejército, donde se dio un enfrentamiento entre las fuerzas policiales y los sectores obreros. Ahí no hubo muertes porque la movilización era tan masiva que era imposible de reprimir. En Comas utilizaron armas, acá también pensaron utilizar pero se rindieron un poco, porque te imaginas reprimir ahí, habría habido decenas de muertos y ya era un problema político muy grande que iba a repercutir a nivel internacional”.

El entonces ministro del Interior, el gaucho Luis Cisneros Vizquerra, general del Ejército, salió en televisión anunciando que realizaría todas las acciones necesarias para contrarrestar la realización del paro. Dieciocho muertos, cientos de heridos y setecientos detenidos fue el saldo de una jornada intensa de lucha y violencia, especialmente en el cono norte, dónde las movilizaciones fueron mayores y la respuesta militar mucha más cruda. En Comas murieron siete vecinos a manos de la infantería de Marina. Años después, en los ochenta, el militar también se ganaría el apodo de carnicero por sus criterios en la lucha contrasubversiva.

ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y DESMONTAJE DEL MOVIMIENTO OBRERO

“Al final de este paro, como consecuencia de un decreto 010 y 011, las empresas pudieron tener el arma legal para despedir a más de cinco mil trabajadores, todos ellos principales dirigentes y que la gran mayoría no pudieron reponerse. Eso fue debilitación del movimiento obrero. No obstante, se continuó en la lucha hasta el siguiente año en mayo se hizo un nuevo paro, que presionó para que Morales Bermúdez convocara a la Asamblea Constituyente” remata el relato Hipólito, quien en 1980 fue elegido senador.

Es evidente la formación de izquierda partidaria de los entrevistados, quienes también al poner a la clase obrera como protagonista del proceso, dejan en entredicho si hubo apoyo o no de los sectores campesinos en el interior del país, así como añoran la organización militante de aquellos años.

“Uno fue parte de una historia que no la lograba comprender en el momento que combatía. Las historias que les cuentan a los muchachos son fantásticas, de superhéroes. No, acá éramos una clase que salía a pelear en defensa de nuestros intereses y que logramos acaudillar luchas en las que nos acompañó el movimiento estudiantil y el movimiento popular. Cada tipo de organización corresponde a las situaciones particulares de la economía. Hoy es muy difícil hablar de sindicatos cuando hay una economía primarizada, no tienen la fortaleza que teníamos antes. En la Federación Metalúrgica eran ciento cuarenta sindicatos, hoy quedan dos. Alquilábamos un local grande y ahí nos agarrábamos en la discusión, otro tipo de sindicalismo, mucho más democrático, los estudiantes podían ir. Rodaban las cabezas de los dirigentes que no consultaban. Yo era dirigente sindical a los veintitrés años a cargo de doscientos hombres” concluye Enrique, quien luego sería elegido miembro de la Asamblea Constituyente y también diputado.

“Este paro fue la demostración más grande de la clase trabajadora, pero no es solamente decir ‘yo estuve’ solo porque he sido parte de ese tumulto de hombres, mujeres, niños y ancianos que salieron en contra de la dictadura militar. También tiene que haber una evaluación. Después de cuarenta años no ha vuelto a haber un movimiento como éste. Estábamos en un momento de auge, porque en la década del sesenta, con la revolución rusa, hubo un conglomerado de gente joven, trabajadores, activistas y sindicalistas que estaban por hacer la revolución en este país. Estaban las fuerzas de diferentes grupos de izquierda e hicimos el paro, que fue un movimiento grandioso. Creo que nadie se dio cuenta entonces, pero en realidad el paro fue una protesta pero no fue propuesta. Incluso la gente que estaba en el paro nunca pensó que eso iba a dar lugar a la salida de Morales Bermúdez” es el balance de Ángela, quien a día de hoy es feminista y secretaria de género e igualdad de oportunidades en FENTUP. “Lo que prevemos es que la gente joven, que ha nacido en un sistema neoliberal, tiene presente y futuro pero no se da cuenta de que hay un pasado que rescatar. Y el poder nace de la consciencia y del corazón de las personas y es eso lo que tenemos que conquistar. Pero ahora no estamos haciendo nada. Todos hacemos una evaluación desde nuestro punto ideológico pero nadie es capaz de admitir que nos equivocamos en algunas cosas. Sendero Luminoso, por ejemplo, en ese momento creíamos que estaba de parte de la clase obrera, pero al final ha sido lo peor que pudo pasar, que destruyeron todo el trabajo que hicimos”.

Imágenes de archivo del paro de julio de 1977 del documental «Desde el lado del corazón»

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Alan Benavides

Terminé Periodismo, fotografío protestas y escribo sobre conflictos sociales. No me gusta ningún gobierno, ni autoritarios ni represores, ni ningún poder económico.