[OPINIÓN] Los oficios indispensables

Los médicos están en huelga. No es difícil adivinar sus reclamos. Las condiciones del sector salud son conocidas por todos; hospitales desabastecidos, problemas de infraestructura, personal mal pagado e insuficiencia de éste -se entiende el por qué-. El gobierno no ha hecho mucho por mejorar la situación; la promesa electoral de aumentar el presupuesto en tres mil trescientos millones de soles para el 2017 no se concretó, solo llegó a doscientos cincuenta millones de soles.

Ante esto, resalta la respuesta del Ministerio de Salud. Patricia García, responsable de la cartera, mandó este mensaje a sus colegas “No se debe dejar de trabajar. Al contrario, debemos trabajar y trabajar para mejorar la productividad”.  Comunicados y declaraciones del ministerio y sus representantes seguían la misma línea: “Felicitamos a todos los profesionales médicos que realizan su servicio público de manera normal en pro del bienestar de la población, exhortándose a aquellos que se acogen a la huelga a deponer de dicha medida”. Por parte de otro vocero: “garantizar que la atención de los pacientes no sea perjudicada”.

Las frases recogidas no podrían ser cuestionadas por nadie. Lógicamente, la salud está entre las necesidades básicas y el trabajo de los médicos es indispensable para cuidar de ella. No obstante, hay algo fundamental que es necesario poner en cuestionamiento aquí: la democracia liberal y representativa que nos gobierna se rige bajo la voluntad de los grupos con más peso -ya sea por número o por nivel socioeconómico, eso se puede discutir-, es decir, no tiene como meta el bien común. Por consiguiente, siempre habrán comunidades sin voz en las decisiones que se tomen y se pueden sentir perjudicadas con éstas. Por eso es imprescindible que existan medios institucionales para resolver conflictos. Efectivamente los hay; nuestra Constitución contempla el derecho a la huelga, los empleados pueden suspender sus tareas laborales por un tiempo determinado con el fin de obtener mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, se ha creado un mecanismo de presión para evitar que ciertas profesiones protesten por las actividades esenciales que realizan. La idea de que los médicos no quieren atender a sus pacientes crea la figura de un médico actuando malvadamente y contra natura. Se trata de una suerte de esclavización por vocación, porque hablando en concreto y como dice la canción, no se puede vivir del amor. Es vil condenar a un salario mínimo a un médico por haber decidido tener tal profesión y poner en cuestionamiento su humanidad si desea reaccionar ante un conflicto. Es un desatino que la ciudadanía no apoye al profesional, una de las demandas principales es la mejora de la salud pública.

La huelga actual ha sido calificada como improcedente por el Ministerio de Trabajo sin alguna explicación pública sobre la decisión. Lo cierto es que la incomodidad de los galenos viene desde hace varias gestiones y aun así no se han satisfecho sus demandas.

Se pueden plantear ciertas interrogantes: si ante una huelga el problema sigue siendo rechazado por la entidad que debería resolverlos ¿es aceptable radicalizar las medidas? Y profundizando más, si el gobierno declara ilegal una huelga ¿es justo pasar la frontera de la legalidad?

Las pésimas condiciones laborales son también una forma de violencia, por más institucionalizadas que puedan encontrarse. De primera a última instancia: la estigmatización social, la indiferencia de las autoridades a escuchar las demandas, la cancelación de los canales de manifestación. La situación pinta a un médico enfrentándose a un triple problema. Ante la indiferencia del Estado, parece ser que son sólo el caos y la violencia los canales efectivos para romper con el orden de las cosas.

Foto de Alan B.

Los medios de comunicación

El sistema es el que debe trabajar para nosotros y no al revés. La mayoría de la población consolida el discurso hegemónico que enaltece la institucionalidad y la diplomacia y las cree inalterables, normalizando el sacrificio. Los medios cumplen un papel fundamental en la cuestión.

Si bien se ha comenzado a condenar unos cuantos maltratos explícitos -como los casos de Magaly Medina a los médicos del hospital Arzobispo Loayza, y Patricia del Río y los estudiantes de San Marcos-, aún sigue existiendo un discurso que se empeña en plantear la oposición de intereses de la ciudadanía -pacientes y escolares- y trabajadores públicos -médicos y docentes-, cuando lo óptimo es que vayan de la mano. Tener un Estado que brinde bienestar a toda su ciudadanía, educación, salud y buenas condiciones laborales no tendría por qué sonar descabellado.

“Por la educación de nuestros niños”

El sector educación se encuentra en una posición similar. En Cusco están en huelga desde hace días. Entre su pliego de reclamos, se encuentra el pago de la deuda social a los maestros, el incremento de los sueldos y la evaluación docente con capacitación previa. Más allá de que estas exigencias tengan fundamento o no, deja mucho que desear la paciencia que se está tomando el sector para resolver la situación. La ministra Martens expresó en una entrevista que las dos primeras demandas estaban siendo cumplidas . Sin embargo, después de la intervención del público, tuvo que reconocer que hubo aumento de sueldos junto al incremento de horarios, lo que vendría a ser cualquier cosa menos un aumento de sueldo en sí -nótese que cuando habla de homogenizar horarios se está aceptando que a un grupo de maestros se le aumentó la jornada laboral- y que los aumentos habían sido risibles -seis soles al sexto nivel.

Las mesas de diálogos se aplazaron lo máximo posible. La comitiva del Ministerio de Educación exigía como condición para su instalación el levantamiento de la huelga. Finalmente se cancelaron. Canales de comunicación sin perjudicar a los estudiantes: nuevamente se repite el mismo discurso. Y Arequipa toma la misma medida en el Día del Maestro. Para el día trece se ha convocado a una huelga general.

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María Sosa

Periodista que básicamente escucha, denuncia y escribe.