Cocaleros del VRAEM: “Para nosotros la coca es verde, para ellos es blanca”

Los agricultores de hoja de coca de la conflictiva zona del VRAEM se encuentran en Lima no solamente para luchar contra los incumplimientos del Estado peruano, sino también contra el estigma de terrorismo y narcotráfico que recae sobre ellos.

Compartiendo de mano en mano las hojas de coca que van chacchando para soportar estar de pie frente al parque Huayna Cápac, en San Juan de Miraflores, los agricultores no ocultan sus intenciones de marchar por la carretera hasta el centro de la ciudad para reclamarle al gobierno por la política de postergación que soportan desde hace décadas.

Más de mil cocaleros provenientes del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), en la ceja de selva central del país,  llegaron a Lima el miércoles con una serie de reclamos muy urgentes, para poder convertir la milenaria hoja de coca que ellos cultivan en un producto beneficioso para la salud de las personas y no en el insumo que utiliza el narcotráfico para fabricar cocaína, con el que muchas veces la opinión pública y mediática quiere relacionarlos.

“La coca es bendita, para nosotros, para el pueblo. Pero es maldita para los que consumen, para los gringos, los occidentales. Para nosotros la coca es verde, para ellos es blanca” afirma Hugo Tacuri, campesino de la comunidad de Los Angeles, en el distrito cusqueño de Pichari. “La coca tiene catorce componentes, de los cuales, un componente es cocaína. Trece componentes son vitaminas y proteínas. Satanizan esos trece productos. Esta materia prima salvaría al mundo del hambre. Como en el siglo XVII, desde las partes del Tahuantinsuyo hemos tenido que exportar papa para salvar a Europa. Ahora también en el siglo XXI los pueblos andinos seríamos la salvación del mundo porque miles mueren de hambre, a diario”.

Efectivamente, entre sus demandas está el apoyo para poder crear una agroindustria en función a la tradicional hoja de coca, en lugar de una erradicación forzosa del cultivo en línea con la política antidrogas que vienen arrastrando los gobiernos desde la dictadura fujimorista hasta hoy. Política dictada desde los Estados Unidos, según acusan los agricultores, para beneficio de las trasnacionales de alimentos transgénicos. Señalan la presencia de bases militares norteamericanas en sus valles.

No están de acuerdo con variar los cultivos con los que trabajan, en parte por razones económicas pero también culturales. Muchas de las comunidades campesinas del VRAEM están integradas por migrantes que bajan de las zonas altoandinas hasta la ceja de selva, al no poder sobrevivir con productos como el cacao o el café que ofrecen precios mucho más bajos, se resisten a dejar de sembrar la hoja de sus ancestros como único medio de subsistencia.

“La coca para nosotros es educación, salud, cultura y todo lo que realmente se necesita para vivir una vida digna como poblador, como ser humano. De acuerdo a la cosmovisión de nuestros pueblos originarios, la filosofía nuestra es vida, no es el consumismo, no es ir tratando la madre naturaleza como un objeto. Por el contrario, nosotros a la pachamama la vemos como una madre. Vivimos en paz, armonía y equilibrio”.

Fotos de Alan B.

Si bien señalan que la Policía nunca se ha intentado ingresar a destruir sus cosechas, conocen muy bien las políticas represoras de los uniformados, las cuales también sufrieron durante en trágico conflicto interno que azotó la sierra del país entre los años 1980 y 2000. “Gracias al VRAEM y a sus comités de autodefensa, los que estamos aquí presentes, los que hemos derrotado al terrorismo de Sendero Luminoso. En estos tres pueblos, en Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, en el período de violencia política han muerto más acá” prosigue Tacuri, quien afirma que a lucha contrasubversiva de las Fuerzas Armadas justamente se ensañó contra el pueblo ayacuchano por ser éste históricamente rebelde y combativo.

Agrupados en diversas asociaciones de agricultores y acompañados por muchos de sus alcaldes provinciales, los cocaleros denuncian que las verdaderas intenciones de la presidenta de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA), Carmen Masías, están muy lejos de convertir el VRAEM en una zona de desarrollo agrícola, sino más bien pretende simplemente arrasar con sus plantaciones para dar paso a los uniformados que entrarían a luchar contra el narcotráfico. Por otro lado, exigen que se cumplan los proyectos de desarrollo acordados con el Ejecutivo, como por ejemplo la titulación de sus tierras, la construcción de carreteras, mejores condiciones de diálogo con el Estado, en función al Decreto Supremo 074-2012-PCM que declara el VRAEM como zona de prioridad nacional y la Resolución Ministerial 099-2016-PCM, que establece las mesas de trabajo. También exigen la construcción de una universidad pública en la zona, para que sus hijos puedan contribuir a desarrollar industrialmente la agricultura de sus padres y abuelos.

“Nos dicen que el Perú ya va a cumplir doscientos años de independencia ¿Pero qué independencia tienen los pueblos indígenas? A nosotros más bien nos catalogan como perros del hortelano, porque defendemos la madre naturaleza. Nos dicen personas de segunda categoría porque a nosotros nos ignoraron, violaron nuestros derechos, nos asesinaron”.

Posts relacionados

Alan Benavides

Terminé Periodismo, fotografío protestas y escribo sobre conflictos sociales. No me gusta ningún gobierno, ni autoritarios ni represores, ni ningún poder económico.