Cantagallo: Retratos de una comunidad

Se ha escrito mucho sobre la comunidad shipibo conibo de Cantagallo tras el incendio que arrasó su hogar, pero en pocas ocasiones han tenido la oportunidad de explicar sus propia historias. Las razones que los llevaron a emprender el largo camino que los separa de su comunidad selvática hasta la ciudad de Lima, por qué se resisten a la reubicación y se mantienen firmes en los terrenos que habitan, pese a las circunstancias. Esta es su historia, la verdadera historia de Cantagallo, contada por su comunidad.

OLINDA SILVANO INUMA

“Yo soy de la comunidad nativa de Pauyan, que pertenece al Bajo Ucayali, Padre Márquez. Pero ya radico acá hace diecisiete años, en Cantagallo. Yo empiezo a salir de mi comunidad, claro que hay muchos alimentos, plátano, yuca, papaya, hasta peces. Pero no había trabajo. Mis hijos estaban creciendo. Yo crecí sin zapato, sin cuaderno. Mi esposo primero vino a capital Lima y luego me trajo a mí. Creo que fue en 1998. Traje mi artesanía porque eso es lo que hacemos nosotros, pero no hay donde vender. Aunque no quería venir, pero tenía que venir por necesidad y hacer estudiar a mis hijos. Llegué acá y no fue fácil, fue fuerte porque es una ciudad muy grande, en cambio en la comunidad es una sola calle y todos se conocen. Era otro clima, nosotros somos de clima cálido. Me chocó bastante hasta la comida, no comía, me enfermé con gastritis y casi me muero. La señora Elena Valera, una famosa pintora shipibo conibo, en una feria que la habían invitado, un señor se acerca y le dijo “Para que pueda vender su arte, en Cantagallo hay un pedazo de terreno”. Al día siguiente venimos a Cantagallo diez personas. Había espacio en la parte de arriba. Nos decía “Necesitamos setenta personas” y éramos diez. Y así llegamos y empezamos a ocupar un pedazo y salíamos a buscar. Antes de eso, ya los shipibos habían llegado, pero estaban regados por diferentes sitios, en Zapallal y en San Juan de Miraflores, en Villa El Salvador. Vendíamos nuestras artesanías, con nuestro huayruro, con nuestra semilla achira. Entre tres y cuatro hacíamos trocha para no subir al carro porque nos puede llevar lejos a sitios que no conocíamos. Como en la selva, así andábamos. Con eso, a mantener a nuestros hijos, a hacerlos estudiar. Me siento muy feliz porque poco a poco fui conociendo, capacitándome. Estoy muy agradecida con Lima. Yo tenía un sueño en Ucayali, quería estudiar pero nunca tuve oportunidad. Ahora, de edad, tengo oportunidad. Y así nosotros ambulante vendemos, pasamos muchas humillaciones, muchas discriminaciones por ser shipiba. Cantagallo es cultura, Cantagallo no es cualquier cosa. Cantagallo es patrimonio cultural del Perú. Ahora ya nos conocen y nos invitan a las ferias. Y nos tienen que valorar también los peruanos, no solo los extranjeros. Estoy feliz de estar aquí porque siento que lo que yo soñaba cuando era joven lo estoy realizando. Esperamos que nuestros hijos sean profesionales. Y demostrar que los shipibos conibos sí podemos crecer. Como persona que soy, reclamo mi derecho ¿Por qué no nos queremos ir? Habíamos decidido ir a Campoy, porque están nuestros hermanos andinos que hacen su feria también. Pero el señor alcalde nos atropelló, vendió y nunca nos consultó. Nunca dio cara, solamente su gente nomás. Y al tercer día enteramos por el periódico. Nos hubiera avisado, siquiera pedir permiso. Sin respeto, no demostró su ética. Cantagallo es nuestra historia, porque mi padre fue golpeado por ser presidente, por unos matones que habían contratado para sacarlo”.

Foto de Jai G.

JULIO «RAWA» MALDONADO RODRÍGUEZ

“Vine en el 2002 por motivos de trabajo. Yo trabajaba como muchacho en fábricas de mochilas, como cobrador de combi, dormía en carro. Aprendí a salir adelante. Ahora estoy más enfocado a la pintura de nuestra cultura. En el 2006 empecé a venir más a Cantagallo porque yo tenía una familia que venía a visitar. En ese entonces esto no había, estaba solo el segundo nivel. Yo dije que nunca iba a venir a Cantagallo, pero era necesario, cultivar el arte a través de la pintura, la música. Ahora voy y vengo a visitar mi familia, en Pucallpa, a veinticuatro horas está mi comunidad, Nuevo Nazareth, en bote se llega. Eso no me lo hago perder, porque a veces otros jóvenes se van de acá tres meses y ya no quieren comer pescado. Yo como artista, sigo cultivando nuestra cultura acá en Lima y he recibido muchas discriminaciones porque yo no hablaba mucho el castellano. Ya venía conversando en español de la selva, pero no hablaba mucho como ahora.  Yo como artista, digo que Cantagallo tiene su historia, tiene arte, cultura viva. Por eso que nosotros pedimos a las autoridades para poder vivir una vida digna. Nosotros lo que pedimos es el terreno y el título. El señor Castañeda se expresó como que nosotros pedimos limosna. Pero nosotros no pedimos limosna, nosotros trabajamos. Hay jóvenes que trabajan en empresas, en fábricas. Otros jóvenes como yo trabajamos a través de arte, difundimos nuestro arte, transmitimos el sentimiento para poder visibilizar nuestra cultura, porque el Perú es cultura. Vienen muchos jóvenes, más que todo los de mi generación, estamos bien preocupados. Nosotros venimos acá a Cantagallo a buscar una vida digna. Sabemos que en Ucayali no se lleva mucho la educación. La educación es muy baja, por eso que nosotros aprendemos acá. Por eso lo que queremos es una escuelita shipiba intercultural”.

Foto de Jai G.

EVY SINUIRI HILARIO

“Yo vine por trabajo en el 2012, por mi marido, porque en Pucallpa no hay mucho trabajo ni sueldo mínimo ni para mis hijos. Acá hay trabajo, semanal pagan bien. No me puedo ir de acá porque hay un centro educativo, una escuelita shipiba. Voy a luchar por el terreno, lo que está. Que vayan a otro lado los que quieren. Soy ama de casa. Mi marido es habilitador de mochilas. Soy feliz con mis hijos. Vienen las ONGs y a todos los niños les dan lo que quieren. Ya vivimos tanto tiempo acá, no nos pueden botar. Si me botan a otro lado, no me voy a acostumbrar”.

Foto de Jai G.

DEMER RAMÍREZ NUNTA

“Yo vine desde la edad dieciséis años. Yo vengo de Pucallpa, del distrito de Iparia en Coronel Portillo. Mi comunidad se llama Roya. Yo vine a Lima para trabajar y estudiar, para salir adelante, para apoyar mi comunidad, buscar una calidad de vida y tener una oportunidad como cualquier provinciano. Llegamos aquí a la comunidad de Cantagallo en el 2000 para poder posicionarnos. Para mí estoy satisfecho de vivir en esta comunidad porque aquí trabajamos, hacemos estudiar a nuestros hijos, aquí nos educamos. Vivir en Cantagallo es estar en comunidad, en unidad. Nosotros el pueblo shipibo conibo, estando lejos de nuestra comunidad, no perdemos nuestra costumbre, nuestra identidad, nuestra habla. Es como que estuviera viviendo en la selva. Cuando tú vienes acá a Cantagallo, sientes una energía, te jala la energía de la selva, de la Amazonía. Te sientes ya selvático, hermandad. Cuando sales afuera, ya es Lima. Queremos quedarnos porque ya vivimos aquí, tenemos un derecho ganado. Como nosotros somos artistas y artesanos y estamos cerquísima al centro de Lima y Palacio de Gobierno y por otro lado está San Juan de Lurigancho y al frente está nuestro apu Cerro San Cristóbal, donde vivían nuestros incas. Aquí estamos haciendo una historia y al mismo tiempo los shipibos estamos acostumbrados a vivir al lado del río. Este río es nuestra energía, es nuestro apu, nuestra madre, el agua, el río Rímac que está acá”.

Foto de Jai G.

DORIS GOMEZ AGUSTÍN

“Nosotros vinimos hace dieciséis años, por los Cuatro Suyos. Nos habían dicho que había un espacio acá en Cantagallo y poco a poco la gente fue quedándose. Familiares avisaban “Hay un espacio para que puedas estar ahí y poder vender sus artesanías”. Y ese tiempo también era la época de terrorismo, que llevaban a los niños, las niñas, por esas cosas hemos venido. Y también por el nivel académico bien bajo que hay en las comunidades. Porque hay crecientes en las comunidades y bajan todavía en julio y hasta esa época los niños no estudian. Y a veces los profesores también vienen a cobrar a la ciudad y después se demoran un mes, una semana, dos meses. Y no hay el nivel académico que nosotros queremos. Queremos que nuestros hijos sean profesionales. Así como los están discriminando bastante gente limeña que dicen “¿Por qué han venido los shipibos? Deberían estar en su selva” Nosotros también tenemos derechos como peruanos a estar donde nosotros queramos. Así como también hay provincianos que se van a la selva y no les podemos decir “¿Por qué han venido?” Cualquier persona, ciudadano puede ir adónde quiera alrededor de Perú. Y eso a nosotros bastante nos indigna. Nos pone tristes porque en otros países  a nosotros nos valoran, pero en el mismo Perú que vivimos somos bien discriminados y eso no es justo. Yo como madre de familia estoy contenta con mis hijas porque están en la escuela, están bien de estudios, a nivel de los limeños. No es porque mi hija estudie en un colegio particular, estudia en un colegio estatal y a diferencia de lo que estudian los niños en la selva, es muy diferente el nivel académico. Yo no quiero que mi hija sea artesana como yo, no está mal que sea artesana, pero quiero que sea algo más, que sea doctora o abogada para que nos pueda defender como indígenas que somos. Acá hay trabajo, hay muchachos mochileros, tenemos bordados, telas, mantas y hay más oportunidad de ayudar a nuestras familias, a nuestros hijos para que puedan entrar a la universidad. Porque hay chicos de la Beca 18 que están estudiando ya. Castañeda no nos está dando una solución. Cuando lo entrevistan, no dice: “Ya. Yo les voy a dar este terreno, ahí van a vivir, van a tener una casa digna donde vivir” Por ejemplo, los de Martinete, ellos son solamente visitantes, inquilinos que habían en el segundo nivel, habían cuartitos alquilados. Los verdaderos dueños del terreno, posesionarios, estamos aquí. Nadie se ha movido. Y Castañeda dice que ya el cincuenta por ciento está allá. Pero no se fueron, estamos todos acá y allá los inquilinos están beneficiándose con todo y acá estamos padeciendo. No hay agua, no hay luz, los hijos se están enfermando con fiebre, porque hay mucho polvo, mucho calor por el plástico. Y nos entristece cómo el alcalde no nos da una respuesta. Es por eso que no nos vamos a mover de acá hasta que nos dé una solución”.

Foto de Jai G.

JOHN ERLIN NUNTA SANANCINO

“Vine acá a Lima porque mi mamá se mudó acá a trabajar con el arte de los bordados, de los collares, las artesanías. Yo tenía ocho años. Vine solamente a estudiar, a trabajar, con esa meta. Pero veía un poco difícil la situación, por esa razón no pude culminar mis estudios. Pero es bueno vivir en Cantagallo porque podemos encontrar una oportunidad de trabajo para beneficiarnos. Por medio de nuestro centro de trabajo, algunos necesitan como costurero. Yo soy costurero, y a veces me piden un ayudante para poder llevar de acá, no solamente la familia sino también los vecinos. A cualquier persona de la selva le gustaría vivir acá porque nosotros también demostramos nuestra cultura indígena shipibo conibo. Algunas personas nos conocen ya, los extranjeros vienen a tomar fotos. El alcalde dice que no nos quiere acá, pero si nos vamos a la selva, a nadie le conviene estar allá, por eso nosotros hasta el último vamos a seguir luchando. Nosotros sospechamos como que el alcalde nos quiere botar y si nos vamos todos para allá, para Martinete, al otro lado, después ¿qué van a hacer acá? Si regresamos ¿qué tal no nos dejan entrar? Por esa mentalidad nos quedamos acá, como un colectivo sólido, unido. Somos uno solo, por esa razón. Si damos un paso atrás, no vamos a llegar a nada. Vamos a seguir acá, sean momentos buenos o momentos malos”.

Foto de Jai G.

RUTH ARIAS SILVANO

“Me gusta el colegio un poco. Me gusta estar con mis amigos. Y cuando me voy a otra parte, ahí me aburro porque no hay nadie con quien jugar, acá sí. Mi mamá se quiere quedar acá. En Martinete, da miedo porque dicen que hay un montón de delincuentes. Una vez que yo vine del colegio, yo vi que unos policías estaban agarrando a un montón de chicos jóvenes y estaban revisando para ver si tenían algo. En Barrios Altos era, porque yo estudio por ahí. Porque en el colegio de acá no hay sitio ya para secundaria, sólo hay primaria. Yo estoy en primero de secundaria, tengo que ir hasta allá. Mi amiga del colegio no es de Barrios Altos, ella es de San Juan de Lurigancho”.

Foto de Jai G.

GUSTAVO RAMÍREZ BARBARÁN

“Llegamos acá por intermedio de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), como estudiante becado en la Universidad San Marcos. Estudiaba administración de empresas. Vimos a las hermanas artesanas mostrando sus artesanías en diferentes partes. Llegamos en 1995, después nos invitaron los hermanos andinos acá a Cantagallo, a este terreno que prácticamente estuvo en estado de abandono. Vi que los hermanos migraban acá pero en diferentes distritos y tenían que organizar para formar una colonia con la finalidad de mostrar la identidad cultural y la artesanía amazónica para que nos conozcan quiénes somos los indígenas en el Perú. Nos organizamos para mostrar las cosmovisiones y la cultura viva. La señora Eliane Karp, cuando crea la Oficina de Asuntos Indígenas, la Conapa e Indepa, nos hemos mudado acá más de ciento cincuenta familias y luego yo tenía que regresar a mi pueblo para tener cerca a los que necesitan para hacer gestiones en diferentes ámbitos. Sabemos bien que en nuestro pueblo no tenemos institutos tecnológicos, no tenemos universidades. Casi todos los que residen acá son estudiantes y son artesanos para que ayuden a sus hijos”.

Foto de Jai G.

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Redacción La Plaza

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