[FOTOS] Cantagallo entre el fuego y el alcalde

Un voraz incendio destruyó la comunidad shipiba de Cantagallo la madrugada del viernes. Y mientras todas las sospechas apuntan al alcalde Castañeda, la solidaridad de los limeños y la indiferencia de las autoridades contrastan en medio del desastre.

Un niño internado con más de la mitad del cuerpo quemado y con falta de sangre es el resultado del fuego que se desató alrededor de la medianoche, en la parte sur del vecindario de Cantagallo, donde hace más de dieciséis años viven cientos de familias de la etnia shipibo conibo, procedentes de la Amazonía, sobre todo de la cuenca del Ucayali. De momento, no hay una cifra exacta de heridos, pero se calculan unas quinientas familias que se acaban de quedar sin hogar.

“Los balones de gas ¡cómo explotaban!” cuenta aterrada una madre shipiba mientras recoge los pocos enseres que le quedaban, entre los restos de su casa calcinada, en la que vivía con su esposo y sus cuatro hijas en el asentamiento que queda en plena carretera Panamericana, frente al distrito del Rímac.

Una vela habría sido la causa del siniestro, en la segunda zona donde hay talleres de fabricantes de mochilas, material que habría ardido fácilmente y se habría expandido entre las viviendas de madera que integran Cantagallo. “El viento cómo lo llevaba al fuego. En una hora, todo se había prendido ya. Y los bomberos vinieron y no apagaron nada porque decían que necesitaban un camino más ancho para meter el camión y la manguera, miraban nomás, por las puras vinieron. Recién a las cinco empezaron a apagar todo. Por suerte, no se quemó la escuelita que está en la parte baja” prosigue la madre damnificada.

“Sí ha sido provocado, porque Castañeda siempre nos discrimina, siempre nos dice que nos vayamos de estas tierras” se queja otro muchacho shipibo mientras lampea la tierra quemada. Y las redes sociales comparten dicha opinión, en vista de las siempre evidentes intenciones del alcalde limeño de reubicarlos en la zona de Martinete, en Barrios Altos, para poder ejecutar en el terreno de Cantagallo las obras de la Línea Amarilla, concesionadas a la empresa brasileña OAS.

A fines del 2014, la gestión municipal de Susana Villarán tenía destinado un presupuesto para la construcción de Río Verde, un proyecto que no solo incluía un espacio público sobre el río Rímac, sino también un complejo habitacional para que puedan vivir las familias de shipibos. Sin embargo, en abril del año pasado, con Luis Castañeda sentado en el sillón de alcalde, utilizó el fideicomiso pagado a OAS para dicho proyecto y construyó el bypass de la avenida 28 de Julio, su obra más cuestionada, por su ineficiencia en aliviar el transporte y las irregularidades en su ejecución, dejando a los residentes de Cantagallo sin esperanzas de una vivienda digna.

El eterno abandono y la indiferencia de una ciudad que parece no quererlos, los ha marginado por años a vivir en condiciones lamentables. Casas de madera, la mayoría sin servicio de agua ni luz, conforman la comunidad shipiba, donde han sabido preservar su cultura, rodeados de fábricas de mochilas y un centro comercial ferretero. Evidentemente, los ofrecimientos de Castañeda de llevarlos a un vecindario, considerado por ellos peligroso, son rechazados por los shipibos que ya sabido construir un espacio que consideran suyo y con el que se sienten identificados.

Al cierre de esta edición, mientras más limeños llegan voluntariamente para ayudar a quienes consideran sus hermanos, trayendo víveres, enseres y manos para reconstruir sus vidas, contingentes de policías antidisturbios rodean y vigilan el lugar, haciendo temer un desalojo. Entidades estatales se han hecho presentes para levantar carpas y velar por el bienestar y la salud de los residentes, a la vez que algunos políticos. Sin embargo, Castañeda prefirió pasearse por Martinete y por las partes menos afectadas por el incendio, rodeado de las cámaras de los grandes medios de comunicación, donde instaló un campamento de la Municipalidad para supuestamente recibir a los damnificados, mientras no tenía reparos en decir que “a los shipibos de Cantagallo les vendieron ilusiones”.

Fotos de Jai G. y Alan B.

Alan Benavides

Terminé Periodismo, fotografío protestas y escribo sobre conflictos sociales. No me gusta ningún gobierno, ningún poder económico, ningún autoritarismo, ninguna represión.