Justicia por Nina: Periodista de RPP acusado de separar a su hija de su madre argentina

Natalia espera a las afueras del juzgado tras otra audiencia por el proceso que le sigue su ex pareja, sin saber en qué fecha le dictarán sentencia. Mira la foto de su hija Nina en la pantalla del celular, extrañándola, preguntándose cuando volverá a ser feliz con ella. Una de las últimas veces que la vio fue por unas pocas horas de un domingo en un parque cercano a la casa del padre de la niña.

Natalia Bresó nació en la ciudad de Santa Fe, una de las más grandes y desarrolladas de Argentina. Tras estudiar Comunicaciones en la universidad, se aficionó a viajar mochileando por Sudamérica. Fue así como conoció a Gerardo Cárdenas en el 2009, en uno de sus tantos recorridos por el Perú. Quedó embarazada en poco tiempo de conocerse y decidió regresar a su país natal para tener a su hija junto con su familia. Aunque Gerardo la acompañó en el viaje, él volvió al Perú, continuando ambos la relación sentimental a distancia.

En octubre del 2010 llegó al mundo Nina, en la misma ciudad que su madre. La niña tiene nacionalidad argentina. Natalia cuenta que al principio Gerardo, quien actualmente trabaja como periodista en la cadena noticiosa Radio Programas del Perú, se mostraba reticente a hacerse cargo de su hija.  Sin embargo, en el 2011 la convence de irse a vivir con él a la casa de sus padres en el distrito limeño de San Miguel, para que así la nueva familia pueda vivir junta. Y ella acepta.

La joven argentina deja atrás Santa Fe para ingresar con su hija a un pequeño departamento propiedad de los padres de Gerardo. “Realmente la cosa no era como había esperado. Terminé medio atendiendo a toda la familia. Mucho machismo. Hubo momentos bien fuertes, incluso de maltrato físico. Después de todo eso, me di cuenta que yo no podía tener una relación así, sobre todo por mi niña. Y entonces decido separarme”. A principios del 2013, Natalia alquila un departamento por su cuenta para ella y Nina.

“No pasaba pensión alimenticia, no cumplía con las visitas” recuerda, pese a que en julio del 2013 ambos habían firmado un acta de conciliación al respecto. “Jamás podía cuidarme a la nena. Nunca tenía tiempo para ayudarme con cualquier cosa”. Encontrándose como una madre soltera en un país extraño, se muda al distrito de Miraflores y ya para ese entonces casi no tiene contacto con Gerardo por años, quien no muestra interés por la pequeña Nina.

El primero de enero del 2016, Natalia se entera que su anciano padre sufre un ACV (accidente cerebro vascular) en Argentina y que padece de cáncer de próstata y tumores en la vejiga. Desea viajar desesperadamente para estar a su lado cuando lo intervengan quirúrgicamente, así que le solicita permiso legal a Gerardo para poder viajar fuera del Perú junto con la niña. Ante la negativa del padre, quien incluso después admitió que tampoco abonaba el dinero de los alimentos a modo de presión, ella inicia un juicio contra él para que cumpla con la pensión de la niña, que después ganaría. “Como yo nunca le he exigido nada, para no estar molestándolo, ese ha sido mi error”.

En vista que Gerardo persistía en no permitirle salir del país, Natalia toma una drástica decisión: sacar a Nina sin la autorización. Viajaron a Arequipa, a Bolivia y de allí a Argentina en agosto del 2016, llegando para la operación del abuelo de la menor. Refiere que aun así, el periodista de RPP seguía comunicándose por las redes sociales: “No como él dice por todos lados que yo corté comunicación, como que me fugué. Eso no es real. Yo fui a ver a mi padre y le pedí a él autorización, él no me la quiso dar. No se la pedí una vez, se la pedí casi un año entero. Y cuando mi padre está a punto de morir, yo decidí ir a verlo”.

“Comienza la persecución. Inmediatamente yo piso Argentina, él pone denuncias de todo tipo, penales, civiles, variación de tenencia, restitución internacional. Todo lo que me podía afectar, lo hace”. Cuando la salud de su padre logra recuperarse en parte tras la intervención, la nueva pareja de Natalia con quien ya llevaba un año de relación, le propone irse a vivir a su natal Bélgica para comenzar una nueva vida con Nina. En noviembre del 2016, parte con su hija para Europa, tratando de olvidar su tormentoso pasado con Gerardo, buscando una mejora económica, laboral y sobre todo familiar. Pero sería alcanzada.

La denuncia del periodista de RPP llega al país europeo, exigiendo que la niña sea extraditada al Perú, y una pena contra Natalia por sacarla sin permiso. La mujer argentina confiaba en el mejor funcionamiento del sistema de justicia de Bélgica. Lamentablemente, éste no le fue favorable como pensaba. “La jueza belga me lo explicó muy bien. No es un tema de mala voluntad de Bélgica, sino que ellos son los hacedores de la Convención de La Haya y no pueden ir en contra de ellos mismos”. La corte ordenó que Nina retorne a Lima, tomando como base el tratado internacional sobre sustracción de menores.

Para evitar que la misma Policía belga intervenga, en julio del 2017 Natalia envía a su hija por voluntad propia en un avión con destino al Perú, acompañada de una de sus mejores amigas. No quiso venir ella misma: “La abogada que tengo acá en Perú me dice no vengas porque hay un proceso penal en tu contra, primero tengo que averiguar bien que no estés ya procesada, por tu seguridad, porque era cuestión de pisar el aeropuerto y que me metan en Santa Mónica”. En el aeropuerto, Gerardo ya estaba esperando a su hija para meterla en un auto y llevársela. Desde ese día, ya no se la devolvió más. Natalia pudo arribar al Perú recién en enero del 2018.

“Luego de mi insistencia y de solicitar por todos los medios algún tipo de visita con ella, es que él me permite verla sábados y domingos en un parque de la vuelta de su casa, supervisado con cámaras, con su celular. De eso tengo testigos, así eran las visitas lamentablemente. Imagínate la psiquis de la niña, siendo controlada constantemente. Las pocas visitas que tenía eran así”.

Hastiada de poder ver a Nina solamente en esas condiciones, Natalia lo denuncia por violencia psicológica, logrando que el juez emita una orden de alejamiento contra Gerardo en junio del 2018. Asimismo, lo denunció por la tenencia de la niña y porque él incumplió con pasarle los alimentos, logrando también una sentencia a su favor que confirma que la tenencia de Nina le corresponde a su madre, en agosto del mismo año. “Ese juicio fue justamente por sus visitas, porque varias veces me había citado para ver a mi niña y luego, una hora antes del encuentro, o media hora antes, me decía que no, mejor no, otro día. Y grababan en medio las visitas ¿Te imaginas? Yo toda ilusionada, mi niña toda ilusionada y llegaba el momento y no me la dejaba ver”.

En represalia por ambas denuncias judiciales, a mediados de año Gerardo no solamente sigue rehusándose a día de hoy en cumplir con la devolución de Nina a su madre, sino que también cortó de improviso los encuentros entre ambas. En agosto intentó infructuosamente obtener una orden de alejamiento contra Natalia, pero la corte peruana se la negó. Asimismo, la denuncia contra la comunicadora argentina por haberse llevado a su hija al extranjero prosigue. Desde diciembre último, la 2da Fiscalía Provincial Penal de Lima viene pidiendo al juez una pena de ocho meses de cárcel efectiva contra ella, lo cual evidentemente la alejaría más de la menor, aparte de demandarle pagar una reparación civil a favor de su ex pareja.

“Una de las cosas que yo le reclamo es que aparte de haberse quedado con la niña sin tener ningún papel que dijera que la niña tenía que estar con él, también impide que yo me acerque a ella de cualquier manera, incluso que tenga comunicación. Y no contento con eso, ahora quiere continuar el proceso penal. No sé cómo ha logrado que ese proceso salga a su favor. La cuestión es que en este momento están por dictarme prisión efectiva ¿Por qué? Por haberme ido a ver a mi padre con mi hija. Porque mi hija y yo nacimos en Argentina y mi familia está allí. Por eso es que básicamente me están condenando en este momento. Algo totalmente injusto. Acá los padres por no pagar alimentos hasta pueden ir presos. Y éste tipo ya está sentenciado por violencia psicológica. Y así y todo, no tengo forma, no hay un protocolo en la cual yo pueda ir a buscar a mi hija, porque tengo la tenencia”.

Natalia acusa cierto papel de los padres de Gerardo en todo el asunto: “Hay mucho apoyo por parte de los abuelos por quedarse a mi hija. Me imagino que es por proteger al padre de mi hija, pero realmente lo que no están pensando esas personas es que la niña no puede estar separada de su mamá. Más que nada, porque la he criado, hasta el año pasado la niña ha vivido conmigo. Yo era su centro de todo. La han separado de mí”.

El movimiento feminista de madres migrantes maltratadas en Perú ha sido de gran apoyo para Natalia. Ellas organizaron una protesta en los exteriores de las oficinas de prensa de RPP a mediados de diciembre, exigiendo justicia. Debido a la presión y el escándalo, finalmente Gerardo accedió a volver a dejar que Nina vuelva a ver a su madre al domingo siguiente, luego de medio año totalmente incomunicadas. Al parecer, esta vez ya no se pone a grabarlas con el celular.

En los exteriores del Segundo Juzgado Penal de Lima, en el centro de la ciudad, al término de cada audiencia, las feministas realizan más pequeños piquetes de protesta en apoyo a Natalia. Saben que las madres extranjeras de hijos con peruanos deben luchar si desean obtener algo de justicia por parte del Estado peruano, al que acusan de machista, xenófobo y corrupto.

Fotos de Jai G. y Alan B.

UN SUPUESTO SECUESTRO

El último día de febrero, un confuso incidente complicó aún más la situación de Natalia en el Perú. Decidió asistir a otra de las visitas concertadas en un parque de San Miguel para ver a su hija aproximadamente al mediodía, a bordo de un auto acompañada de su anciano padre que había venido de viaje desde Argentina, y otro hombre mayor, amigo de ambos. Al llegar al encuentro se encontraron con Nina junto a otra mujer, la nueva esposa de Gerardo. Natalia decidió subir a la pequeña a su vehículo y llevársela raudamente. La otra mujer tomó un taxi para seguirlas y acusó en redes sociales un presunto secuestro.

La Policía interceptó el auto de Natalia y su padre en la playa de la Costa Verde al cabo de unos minutos. Pese a acreditar ante el efectivo policial que ella era la madre y que la otra mujer no guardaba parentesco con Nina, los tres adultos fueron detenidos y conducidos a la comisaría de Miraflores. Gerardo Cárdenas llegó a la sede policial para denunciarla por sustracción de menores y supuestas agresiones contra su pareja.

Manuel Vásquez, abogado de la madre argentina, acusa que el comandante policial incurrió en una evidente parcialización en sus funciones, puesto que habría pretendido entregarle arbitrariamente la niña a Gerardo, pese a que no existe sentencia judicial que le otorgue a él la tenencia legal. Fue el fiscal quien determinó que Nina se retire con su padre, dado que la madre continuaba detenida. Finalmente, Natalia, su padre y el otro señor arrestado fueron llevados a la comisaría de San Miguel por la noche, desplazados a la Fiscalía de la Nación en el centro de Lima a la noche siguiente y liberados en la madrugada del dos de marzo. Ahora pesa sobre ella un proceso en fase de investigación por sustracción de menores, abierto por la 19 Fiscalía Provincial Penal de Lima.

Además del evidente deterioro en la salud que significó para el padre de Natalia estar arrestado durante dos días seguidos, en las redes sociales el periodista levanta acusaciones contra la mujer argentina por presunto secuestro de su propia hija, una figura legal que en teoría no existe en el Perú. También afirma que el colectivo de Madres Migrantes serían las supuestas cómplices. Las activistas que la respaldan a ella, a su vez acusan que algunas personalidades del movimiento feminista y de derechos humanos en Lima se han posicionado a favor de Cárdenas por una mera cuestión de amistad personal, dado que antes de laborar en la cadena RPP, trabajó en el prestigioso Instituto de Defensa Legal (IDL), reconocido por sus investigaciones periodísticas en temas de corrupción.

Natalia aún permanece en Lima. Ahora le es más difícil ver a su hija, tras el incidente. Lleva más de un año en el Perú, alejada de su esposo y de su trabajo en Bélgica y gastándose sus ahorros. Antes de regresarse a Santa Fe, su padre le aconseja: “Tu hija nunca podrá decir que no hiciste de todo por verla”.

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Alan Benavides

Terminé Periodismo, fotografío protestas y escribo sobre conflictos sociales. No me gusta ningún gobierno, ni autoritarios ni represores, ni ningún poder económico.