Sin Consulta No Hay Petróleo: Amazonía en lucha por el Lote 192

Finalizó el plazo que las organizaciones indígenas le habían dado al Ejecutivo para que implemente un proceso de consulta previa para la explotación petrolera de Lote 192, sin respuesta por parte del gobierno. Las protestas no se hicieron esperar.

Desde el pasado lunes dieciocho, cientos de nativos, provistos de lanzas y ataviados con sus pinturas de guerra, han tomado las instalaciones petroleras del Lote 192, ubicadas en el distrito de Andoas, en la provincia Datem del Marañón, en el corazón de la selva de Loreto. Si bien la irrupción y la paralización de las actividades extractivas ha sido totalmente pacífica y los indígenas han garantizado un total respeto por la integridad de los trabajadores y la infraestructura, esperan que su medida de lucha presione al Ejecutivo para que atienda sus reclamos contra la contaminación petrolera.

El Lote 192, anteriormente denominado Lote 1AB, operado por la empresa estatal Petroperú, así como por las transnacionales Occidental Petroleum y Pluspetrol, ambas de capitales argentinos, constituye el yacimiento petrolero más grande del país, con reservas estimadas en unos ciento treinta y nueve millones de barriles. Viene operando desde los años setenta hasta la actualidad, tiempo en el que los indígenas de diferentes comunidades han sufrido los estragos de los derrames petroleros. Se vislumbran intenciones de privatización por parte del gobierno, aunque esto es lo de menos para los habitantes que viven en medio de la Amazonía manchada con el oro negro.

Las Cuatro Cuencas, como son llamados los cuatro ríos que se interceptan en el Lote 192, son el Marañón y sus afluentes: el río Corrientes, en cuyas riveras habitan los nativos de la etnia achuar, el río Pastaza, donde podemos encontrar a los indígenas kichwa, y el río Tigre donde están los quechua. También se ubican comunidades urarina y kukama en la zona. Unas cuarenta mil personas aproximadamente, entre todos los poblados, quienes se han constituido en diferentes federaciones que desde hace años exigen al gobierno peruano un proceso de consulta previa y de remediación de los daños medioambientales, siendo la toma de estaciones petroleras una medida adoptada a consecuencia de la desatención del Estado.

“Venimos dialogando más de cinco años con el Estado a través del Ejecutivo, sin embargo, no hay soluciones. Hay actas firmadas, pero no se materializan. El pedido fue que tiene que ser consultado antes que venza el contrato de servicio que tiene el actual operador del lote” afirma Carlos Sandi Maynas, líder indígena de la etnia achuar y de la Federación de Comunidades Nativas de la Cuenca del Río Corrientes (FECONACOR), mientras participa en una protesta frente al edificio de Petroperú en Lima. “Las comunidades de influencia directa son dieciséis que están asentadas en las cuatro cuencas. Y hay otras aledañas que también están contaminadas con lo mismo. Pero el Estado sólo quiere sentarse a conversar con las comunidades de influencia directa. En nuestras actas siempre hemos considerado que sean todas las comunidades de todas las cuencas y que también sean atendidas. Hay tres actas, del diez de marzo, acta de Teniente López, acta de José Olaya. Al final, se queda en las letras, en los papeles y al final no se cumple”.

“Los próximos treinta años, el Estado no sólo tiene que garantizar las grandes ganancias petroleras, porque sabemos que el Estado no es sólo con los que tienen plata, El Estado es para todos los peruanos” prosigue Carlos Sandi. “No estamos pidiendo que la empresa sea nacional o transnacional, sólo pedimos que con la empresa que entre a trabajar en el lote, el Estado tiene que garantizar nuestros derechos. Las decisiones están tomadas desde las asambleas de las comunidades, donde ellos dicen que si el Estado no nos atiende, si no hay consulta previa, pues no hay más petróleo”.

Fotos de Jai G. y Alan B.

MUERTE QUE CUBRE LA SELVA DE NEGRO

Los indígenas se dedican a cultivar yuca, plátano, además de pescar en los ríos y criar gallinas. Si bien la agricultura que practican es básicamente de autoconsumo, los pequeños micro mercados que se van generando entre las comunidades se ven perjudicados por la contaminación.

Un reciente informe emitido por expertos de la Universidad Erasmus de Rotterdam y del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad de Barcelona, liderados por el ambientalista Martí Orta-Martínez, ha determinado que sustancias tóxicas tales como plomo, cadmio, bario, cloruro y cromo hexavalente habrían sido vertidos en el 2008 a los cuatro ríos aledaños al Lote 192. Concretamente, en ese año habrían sido unas 370 toneladas métricas de bario, cinco de plomo y 0,3 toneladas métricas de cadmio. Se registró un mayor grado de salinidad y temperatura en las aguas, evidentemente generados por los residuos de la extracción petrolera detectados. Y dichos minerales se pueden encontrar en la sangre de los lugareños.

“Los ríos, cochas [lagunas] están contaminados. Cuando contaminan una cocha, lo tapan con tractor y lo dejan así como si no hubiera laguna. Los peces que andan en los ríos, también están contaminados, y nosotros nos alimentamos de los ríos. Hay animales que están adentro de los pozos de producción abandonados, y de esos animales también nosotros nos alimentamos. Hay estudios que arrojan que estamos contaminados con plomo y cadmio. Hay muertes, pero nunca se sabe de qué se han muerto” manifiesta Carlos Sandi.

Los representantes de FECONACOR refieren que hay un cuadro complejo de afectaciones a los derechos humanos. Suelos y subsuelos contaminados en una zona de ecosistemas frágiles. La particularidad de la geografía hace que la contaminación migre y se mueva en función a declives y corrientes de ríos. Las conocidas colpas, zonas donde muchas aves amazónicas concurren a comer tierra y arcilla rica en sales minerales, están contaminadas.

También señalan problemas en la piel, escozores, irritación, problemas estomacales y mareos entre los niños y adultos de las comunidades. Denuncian que ahora el Estado no tiene un control de la salud de las personas. Recién el año pasado, a pedido de las federaciones, se hizo un estudio para medir el nivel de epidemiología y toxicología en la sangre de las personas.

Las prácticas propias de los pueblos amazónicos son debilitadas ante la intensa actividad económica que trae consigo la extracción petrolera. La inflación económica que se origina, así como casos cada vez más dramáticos de prostitución y trata de mujeres, generan cambios sociales irreversibles entre los nativos.

“Los pueblos indígenas han solicitado la redirección para que no se sigan botando las aguas directamente a los ríos, porque cuando el agua de esos ríos en vez de ser agua dulce fue salada, ya no hubo pescado. Un río salado en la Amazonía no es compatible con el medio ambiente ¿Qué desarrollo es si los pueblos indígenas reciben simplemente  contaminación? Plomo, cadmio, en su sangre. Eso no es desarrollo. Y los hermanos achuar y después los kichwa lo único que tienen hoy es destrucción de sus recursos, muerte de sus animales, muerte de ellos mismos y muerte lenta” acusa Edwin Vásquez Campos, quien procede del pueblo huitoto, a orillas del río Putumayo, cercano a la frontera con Colombia, quien además representa a la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). “Cuando reclamamos nuestros derechos, nos dicen que somos los obstruccionistas, intransigentes y que no queremos desarrollo. Yo creo que somos las personas que deberíamos ser llamadas a decidir qué desarrollo queremos y cómo queremos, con las experiencias que nosotros hemos vivido en esos lotes y de otros hermanos que se han muerto”.


Indígenas de la etnia quechua tomando el aeródromo del Lote 192, en Andoas.

Alan Benavides

Terminé Periodismo, fotografío protestas y escribo sobre conflictos sociales. No me gusta ningún gobierno, ningún poder económico, ningún autoritarismo, ninguna represión.